Constantinvs marchaba. El ruido de los carros de provisiones, las miles de caligae golpeando contra el suelo, los bagajes, las yuntas de bueyes arrastrando los trenes de suministros, el entrechocar de los bronces...zumbaban en su cabeza como un ruido monótono. El ejército en marcha tenía su propia música. Y mañana este clamor sonaría en Roma. Por fin, de una vez por todas. Él, Constantinvs sería emperador legítimo de Occidente. Por encima de su cuñado Maxentivs, probablemente de su cadáver. El sol brillaba en lo alto...la marcha empezaba a agobiarle...se aflojó un poco los correajes de la armadura...hacia calor, para ser October...aquella mañana contrastaba con aquella otra, fría y nublada, en Eboracvm, en la lejana Britania, séis largos años atrás, en el lecho de muerte de su padre. Mañana en la que había sido nombrado Avgvstvs, y que culminaría con su entrada en la Urbs Romana. Mañana. Miró al cielo. Seguía agobiado, cambió de posición la espada, que ya le pesaba en el tahalí.
Entonces sucedió. El cielo se abrió. Un resplandor, y después una estela. Quedó estupefacto, sin saber muy bien si los demás veían aquel prodigio de los dioses...los oídos le zumbaron, quedó así, unos momentos, retraído en sí mismo, ajeno a todo lo que le rodeaba, a los bagajes, los trenes, los milites y Eboracvm...un aspa...y el zumbido persistió, le susurró:
"IN HOC SIGNO VINCES"
Allí mismo, frente al Pons Milvivs, con Roma delante, acampó. No durmió bien aquella noche. Aquello le trastornaba. El aspa. La veía dentro de su cabeza.
Se levantó con ojeras, la cabeza le dolía un poco. Era una señal. Lo sabía. Salió de su tienda, el aire fresco de la mañana le acarició las mejillas sudorosas...observó a sus soldados, entumecidos, preparándose para la batalla.
Hoy dormirían en Roma. Y Maxentivs haría lo propio, en el fondo del Tiber. Hoy era un nuevo día.
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